Ponencias
 
   
   

 

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Romano Sued, Susana

   

Hacia una interpretación de La Nueva Novela (1977)
de Juan Luis Martínez.


Andrés Iglesias

A partir del año 1977 se constituyó en Chile la denominada “escena de avanzada” o “neovanguardismo” de la que participó la generación del 80 donde, según Tomás Harris,“los posibles textuales incluidos son fundamentalmente los más gratos a las vanguardias de comienzos de siglo: la ruptura radical con la tradición precedente y la experimentación lingüística y tópica” (Harris, Tomás, 2002: 305). Esta nueva escena supuso una de las innovaciones más importantes surgidas en la evolución del panorama cultural después de los años ´50.  Con el golpe militar de 1973 dicho panorama cultural sufrió un aceleramiento provocado por el aislamiento de los signos. De la ruptura del sentido que supone el régimen militar autoritario en Chile surge un arte refractario que intentará dejar a un lado la lógica dicotómica y maniquea de la gramática hegemónica de la significación. Se trataba de dar nombre a experiencias que no era posible verbalizar: “Hacia falta reinventar ‘un lector indómito, irreductible, des-gregarizado’: un lector enfrentado a signos ‘comunicables pero nunca demasiado procesables’, a signos que guardaran en su interior una memoria lingüística de los choques nacidos de tantas desarmaduras de sentido”(Richard, Nelly, 1994: 17).
La Nueva Novela de Juan Luís Martínez se inserta en este complejo campo cultural. En cuanto a sus características se hace necesaria una breve descripción. Esta obra fue elaborada en el periodo 1968-1975 siendo autopublicada en el año 1977 en Ediciones Archivo, creada por el autor para tal efecto, en número de 500 ejemplares. Este texto puede considerarse, en muchos aspectos, un libro álbum pues su contenido comienza a mostrarse desde las mismas tapa y contratapa, en donde todo el material es específicamente significante. Por otra parte, las diferencias son evidentes desde el soporte; La Nueva Novela cuenta con algunos objetos adheridos a sus páginas, a saber: anzuelos, perforaciones cubiertas con papel transparente, papel de seda, papel carbón, papel secante, que suponen variaciones en el significante y por tanto variaciones en el significado.
La obra provee materiales suficientes para operar transformaciones en un significante dado, por ejemplo una cita o un ideologema , cuyo significado –nunca unívoco- puede establecerse más como direccionalidad múltiple que como sentido fijo. Es decir, a través de la puesta en abismo de ciertos significados ya fundidos por la tradición con determinados significantes, La Nueva Novela produce un corrimiento cuyo resultado es productivo. Este desplazamiento entre significante y significado operado por medio de la proximidad entre objetos (sintagmas o ideologemas), funciona como productor de nuevas analogías; se generan nuevas relaciones y a su vez éstas producen otras. Todas ellas se asientan en una base cultural  común, pero ya no están predeterminadas por ésta.
 El contenido de La Nueva Novela, por efecto del montaje intertextual, es heterogéneo ya que posee elementos visuales como fotografías, dibujos, recortes de diarios etc., en un collage que se funde con una pluralidad de fragmentos de poesía, fórmulas matemáticas, silogismos lógicos deslogicizados, todo lo cual trabaja a favor de la ruptura de los moldes con que tradicionalmente se aborda una obra escrita .   
 El ordenamiento del presente análisis halla su fundamento en la focalización en determinados significantes que operan como organizadores de sentido (point de capitonne ) en el conjunto heterogéneo que es La Nueva Novela. Estos organizadores de sentido nos permiten despejar las elipsis –realizar una lectura radial- de ciertos significantes cuya existencia-no-existencia lleva una “vida” sumergida entre el conjunto de los significantes que conforman La Nueva Novela. Dichos significantes suponen una dirección de sentido, es decir, establecen un límite exegético al que tiende la obra. En el caso de La Nueva Novela este límite sería fundamentalmente antiautoritario.
El fundamento de nuestra hipótesis reside en la centralidad que le otorgamos al conjunto conformado por las páginas 113 y 114 de La Nueva Novela. A partir de este point de capitonne podremos observar como los diferentes análisis particulares se van organizando en una esfera de participación relacionante que los engloba sin constreñirlos a una jerarquía. Encontramos en La Nueva Novela una heterogeneidad difícil de amalgamar en un discurso prosaico;  el lector se ve envuelto en una vorágine de espacio en blanco donde un lenguaje seco,  ceñido,  explota al máximo sus posibilidades de significación señalando a su vez todo lo que no es.
El sentido en La Nueva Novela se organiza en cadenas de significantes, para decirlo con Deleuze y Guattari en multiplicidades de tendencia rizomática, donde el sentido se va completando alrededor de una elipsis. En cuanto a esta categoría de la elipsis hemos tomado la acepción utilizada por Severo Sarduy en su connivencia con el discurso lacaniano de la falta (objet petit a). En este caso, el significante ordenador de la cadena de significantes, el point de capitonne , no está explicitado, es decir, debe ser rastreado. Este rastreo de los point de capitonne está mediado, en este trabajo, por ciertos ideologemas para lo cual hay que tener en cuenta la siguiente aclaración: si bien el ideologema determina coordenadas histórico sociales que permiten leer el sentido en el texto, estas coordenadas, como ocurre con gran parte de los significantes en La Nueva Novela, resultan desplazadas hacia otro lugar.  Por otro lado, el  point de capitonne, que podría quizás confundirse con el ideologema, organiza esos desplazamientos para dar al lector la oportunidad de producir una dirección de sentido con la cual ir desentrañando estos corrimientos del significante respecto de significado.

ADOLF HITLER  VS. TANIA SAVICH

A continuación analizaremos la hoja 113–114, point de capitonne central en La Nueva Novela,  para dar una idea de cómo se ha desarrollado este trabajo. Observaremos, brevemente, la relación entre el funcionamiento de este point de capitonne y la necesidad de realizar una lectura radial para desentrañar los sentidos desplazados y/o elididos.
Un ejemplo clave de este carácter elíptico se da en el epígrafe elegido para la página 113,  “ADOLF HITLER Y LA METÁFORA DEL CUADRADO”. Se trata de una cita de Paul Celan “La muerte es un maestro de Alemania” perteneciente a Fuga en la muerte. Entendemos que justo allí, donde se concentra el sentido en una vuelta del bucle, donde la historia se “repite” distinta, se produce un salto geográfico de Alemania (recordemos la fotografía de Hitler) a Chile (el espacio concreto donde aterriza esa imagen es LNN: “Este libro fue escrito en Viña del Mar entre los años 1968 y 1975”); del gobierno de Adolf Hitler al golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet en 1973. Precisamente en ese reencuentro de la historia consigo misma, el sentido se hace fuerte . Esta elipsis exige, desde luego, el esfuerzo de la metáfora sumado a la tenacidad de la búsqueda de los antecedentes -en ocasiones los autores y las obras de donde han sido extraídas las citas no  son declarados. Al igual que con las figuras del autoritarismo donde podemos leer a Augusto Pinochet bajo el “emblema” Adolf Hitler y a los desaparecidos bajo la niña judía Tania Savich, del mismo modo, podemos suponer que tanto bajo Alemania, “‘la muerte es un maestro de Alemania’”   (Martínez, J. L., 1985:113), como bajo Alaska (fotografía de portada y de la página 120) subyace metonímicamente el suelo de Chile. El escamoteo, el desplazamiento elíptico, tiene una vez más cortes históricos y geográficos. Cristóbal Joannon –amigo personal de Juan Luis Martínez- asegura que la fotografía de las casas derruidas es “una imagen que encontró [Juan Luis Martínez] en un diario que informaba acerca de un terremoto en Alaska”
En este sentido, no podemos olvidar que tras la dedicatoria a Roger Callois de la página 5, el primer enunciado que aparece después de la inscripción de los registros legales (Pág.: 4) es el Limerick de Edward Lear :

“Había una Vieja persona de Chile,/ su conducta era odiosa e idiota./ Sentada en una escalera comía manzanas y peras/ esa imprudente y Vieja Persona de Chile ” (Martínez, J. L., 1985: 5).

Por otra parte, la página 113 contiene una fotografía de Adolf Hitler encerrada dentro de un cuadrado; el reverso de esta fotografía, en la página 114 es otro pequeño retrato fotográfico de Tania Savich una niña judía, cuya familia fue asesinada por el régimen nazi; lo que rodea este retrato es un círculo. Como el signo de Saussure no podemos escindir una realidad sin comprometer la otra. Esto no quiere decir que se promueva una conciliación, sino todo lo contrario. La Nueva Novela señala constantemente la existencia de una diferencia inconciliable, pone de manifiesto esta diferencia radical, eufemísticamente pulida por el signo saussureano. Es decir, evidencia la diferencia en el mismo subterfugio que el signo utiliza para hacerla invisible. La denuncia de este hecho ideológico se da en La Nueva Novela desde una práctica de lectura que se le ofrece al lector: desafío de reconocer, hacer consciente, la diferencia allí donde más se la ha amalgamado, el signo teológico.
En la gran mayoría de las fotografías que pueblan La Nueva Novela, se da una relación especular entre el afuera y el adentro. Esto supone un cruce entre lo interior y exterior, y puede figurarse espacialmente con la banda de Moebius , donde ese vínculo es constantemente vuelto ambiguo por el recorrido que la mirada hace sobre ella. Puede ilustrar esta connivencia interior-exterior una nota al pie de la fotografía de Adolf Hitler en “ADOLF HITLER Y LA METÁFORA DEL CUADRADO” (Martínez, J. L., 1985: 113):

 “En este pequeño cuadrado, lo de fuera. (el espacio blanco de la página) y lo de dentro: (la fotografía) están prontos a invertirse, a trocar su hostilidad. Si hay una superficie límite entre tal adentro y tal afuera, dicha superficie es dolorosa en ambos lados”(Martínez, J. L., 1985: 113)
Observamos que estas relaciones contradictorias, (adentro/afuera, positivo/negativo, etcétera) se repiten bajo diversas formas en La Nueva Novela e inducen al lector a tomar decisiones respecto al sentido. La Nueva Novela propone un signo no teológico, un signo anafórico que evidencia la diferencia por encima de la metafísica de la presencia. El signo saussureano puede representarse entonces como la cinta de Moebius, confunde nuestra percepción, lo creemos volumétrico; confunde nuestra relación con lo diferente e incuba en el seno de la diferencia una conciliación artificial de contrarios sobre la que se funda toda jerarquía y orden en el Logos.
Por otro lado, del mismo modo que nos resulta imposible verificar la presencia de la persona cuando estamos ante su cadáver tampoco podemos ante tal fotografía verla escindida de su referente. Es en este carácter laminar de la fotografía en donde el principal point de capitonne de La Nueva Novela, la hoja conformada por las páginas 113 y 114, señala una dirección de lectura explicitando en lo físico la unilátera superficie de la cinta de Moebius. Del mismo modo que al pasar la vista como trazando un recorrido por la superficie de la cinta nuestra intuición es desafiada, las fotografías de Adolf Hitler y Tania Savich se funden en la percepción visual al mirarlas al trasluz. Se produce ante nuestros ojos la fusión de dos superficies en una y resulta imposible ver ambas a la vez. Aunque se trata de un mismo espacio y un mismo tiempo (en la Historia y en La Nueva Novela)  nos encontramos ante la exigencia de tomar una decisión: o bien observamos a Adolf Hitler o bien a Tania Savich. Sin embargo, si podemos ver a través de Tania Savich la fotografía del rostro de Adolf Hitler, al contrario no sucede lo mismo: la figura de Adolf Hitler vista al trasluz no es atravesada por la de Tania Savich; luego de ese lado el lector se encuentra ante una imposición. Observamos una vez más cómo desde el corazón de La Nueva Novela la responsabilidad de la elección y la ética que mana de tal actitud se convierte en un compromiso de lectura. Son las tomas de decisión en torno al sentido lo que hacen avanzar las diferentes lecturas de La Nueva Novela que se abordan, se abordaron y se abordarán a lo largo del tiempo.

 

Notas

 

Respecto a la determinación de límites y participaciones en las últimas generaciones de escritores chilenos Karl Kohut señala: “Más divergencia aún se halla en la generación del 80, a la cual se la llama también ‘emergente’, ‘NN’ (ibid), ‘generación del 73´, ‘de los 87’, ‘Post Golpe’ y ‘Margina’ (Del Río 206 y 210). Entre sus autores se encontrarían Pía Barros, Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, Ramón Díaz Eterovic, Diamela Eltit, Carlos Franz, Sonia González, Diego Muñoz Valenzuela y Ana María del Río.” (Kohut, Karl, 2002: 13)

En el colofón de la edición facsimilar comercial de 1985 encontramos las especificaciones pertinentes: “Este libro fue escrito en Viña del Mar entre los años 1968 y 1975. La edición original se público en 1977. La presente edición de 1000 ejemplares, facsimilar de la primera, se terminó de imprimir en Santiago de Chile, bajo el cuidado del autor, el día 7 de Julio de 1985. Se imprimieron 900 ejemplares sobre papel hilado blanco N° 9 de 141 gramos y 100 ejemplares, fuera de comercio, en papel couché de 170 gramos. Han sido firmados y autografiados de 1 a 100 e incluyen una dedicatoria especial y un impreso chino original entre las paginas 95 y 96.” (Juan Luís Martínez, 1985: 149) Es pertinente señalar que no existe en LNN una página con numeración 95. Por otra parte el impreso chino se encuentra entre las páginas 96 y 97.

“El ideologema es una función intertextual que se puede leer materializada en los diferentes niveles de la estructura de cada texto y se extiende a todo lo largo de su trayecto dándole las coordenadas históricas y sociales” (Kristeva, 2001: 148).

“Esta escritura experimental se constituye como una interrogante a la historia y a la identidad chilena, dentro del contexto hispanoamericano y a la función del lenguaje en interacción de la producción textual, en un intento de reorganizarlo para constituirlo como un espacio de resistencia y trasgresión al sistema dominante” (Tomás Harris, 2002: 307).

En principio introducimos someramente esta categoría del point de capitonne y su función reorganizadora del sentido  en palabras de Slavoj Zizek, más adelante ampliaremos los alcances de la misma: “el cúmulo de ‘significantes flotantes’, de elementos protoideológicos, se estructura en un campo unificado mediante la intervención de un determinado ‘punto nodal’ (el point de capiton lacaniano) que los ‘acolcha’, detiene su deslizamiento y fija su significado” (Zizek, Slavoj, 2003: 125)

“CAPITÓN (Punto de -) (almohadillado). Point de capitonne: 1. Término procedente del arte de la tapicería y la cordonería, introducido por Lacan para designar al momento de anclaje o punto de fijación  de la cadena significante. El punto de capitón en el plano del lenguaje, es lo que permite establecer un punto de detenimiento al deslizamiento interminable entre significante y significado, haciendo posible con ello, una cierta fijeza en la masa siempre voluble y flotante de la significación. Gracias a la instauración del punto de capiton o almohadillado, un número restringido y necesario de significantes, pueden garantizar una cierta estabilidad al proceso de significación por medio del clivaje que estos establecen con respecto a los significados” (S. Albano, A, Levit y H, Gardner, Glosario de términos lacanianos, 2005: 47).

Un escamoteo similar, relacionado también con el estado de censura que se vivía en el Chile posgolpe, pero en el campo de la teoría, puede rastrearse en el primer abordaje directo que se hace en Chile de la obra de Walter Benjamin. En La palabra quebrada (1982), Valparaíso, Ediciones Universitarias, Martín Cerda examina tan sólo la realidad europea, dejando de lado la realidad social y cultural de Chile. Aquí el escamoteo deviene, más bien, en autocensura y no en camuflaje para aquellos que quisieran buscar bajo /tras/ a través de los significantes otros significados.

Respecto del emblema y como éste fuerza a la esencia a comparecer ante la imagen Walter Benjamin apunta: “La función de la escritura barroca a base de imágenes no consiste tanto en develar las cosas sensibles como el ponerlas al desnudo sin más. El que hace emblemas no revela la esencia latente ‘detrás de la imagen’, sino que, en forma de escritura, de lema (que en los libros de emblemas están estrechamente vinculados con lo representado), fuerza a la esencia de lo representado a comparecer ante la imagen” (Benjamin, Walter, 1990:178).

Como se indica, en esta cita reconocida, el fragmento pertenece a Paul Celan (1920-1970), concretamente a Fuga en la muerte “Grita tocad mejor la muerte la muerte es un maestro de Alemania / grita tocad más sombríos los violines entonces subís al aire en humo / entonces tenéis una tumba en las nubes ahí no se yace incómodo” (Celan, Paul, 1967: 94)

(Joannon, C., El Metropolitano, 2 de Abril de 2000: 2).

“Lim-e-rick. n [C] a humorous short poem, with three long lines and two short ones” ( Longman Dictionary of contemporary English, 1995: 822) [ poema breve  de carácter humorístico compuesto por tres versos largos y dos cortos] Esta traducción es nuestra.

Las cursivas son nuestras.

“1.Superficie no orientable estudiada y analizada por Listing en 1861. La banda de Moebius se define en la topología combinatoria a partir de un rectángulo sobre el cual se practica la homologación de uno de sus lados, con su opuesto orientado en sentido contrario. La superficie así obtenida es de naturaleza unilátera. Lacan se vale de la banda de Moebius para ‘mostrar’ la continuidad que subyace en ciertas antinomias. Por ejemplo, el enunciado y la enunciación, el significante y el significado; el sujeto y el Otro, etc. 2. La Banda de Moebius constituye un instrumento de ‘mostración’ o puesta en juego de relaciones topológicas, donde los procesos de figuración y representación conceptual resultan ambiguos o complejos.” (S. Albano, A, Levit y H, Gardner, Glosario de términos lacanianos, 2005: 124).

Respecto de este concepto de signo anafórico Julia Kristeva apunta: “la anáfora atraviesa y designa espacios ajenos a la superficie lingüística pronunciada o recopilada. Vincula la lengua (lo que se dice) a todo lo que está fuera de la lengua pero no puede pensarse más que a través de la lengua (lo que no se dice). Es no-estructurada, y por lo tanto no-pronunciable, silenciosa, muda e incluso no-escrita si se considera como escrito el trazado visual de lo descrito. No es lo trazado,(todo lo trazado está ya estructurado), es el salto de lo trazado, hacia, sobre, a través. Es suprasegmental: es el vacío que une el pronombre demostrativo al objeto mostrado, la proposición incisa en la frase completa, la lengua a lo que se practica a través de ella fuera de la comunicación presente. Participa menos de la foné que del gesto: designa, a través de un inscripción, lo que no está escrito, sino que se inscribe en una gestualidad (práctica); designa lo que es suplementario a lo escrito, mudo pero siempre allí, llamado a la superficie por la variable textual (...) la anáfora destierra la ausencia, concentra el tiempo y el espacio en la no-inscripción, del vacío que une dos inscripciones. El lenguaje poético, todo texto citativo, el ensueño, la escritura jeroglífica, se construyen como anafóricos, irreductibles al signo” (Julia Kristeva, 2001:106-107).

Respecto del carácter laminar de la fotografía destacamos la siguiente reflexión de Roland Barthes: “Por naturaleza, la Fotografía (...) tiene algo de tautológico: en la fotografía una pipa es siempre una pipa, irreductiblemente. Diríase que la Fotografía lleva siempre su referente consigo, estando marcados ambos por la misma inmovilidad amorosa o fúnebre, en el seno mismo del mundo en movimiento: están pegados el uno al otro, miembro a miembro, como el condenado encadenado a un cadáver en ciertos suplicios; (...) La Fotografía pertenece a esa especie de objetos laminares de los que no podemos separar dos láminas sin destruirlos: el cristal y el paisaje, y por qué no: el Bien y el Mal, el deseo y su objeto: dualidades que podemos concebir pero no percibir.” (Barthes, Roland, 2004: 30-31) Las cursivas son nuestras.

 

Bibliografía

 

Albano, S., Levit, A. y Rosenberg, L. (2005) Glosario de términos lacanianos. BsAs: Quadrata.
Barthes, R. (2004) La cámara lúcida. BsAs: Paidos.
Benjamin, W (1990)Origen del drama Barroco Alemán. Madrid: Taurus.
Celan, P. (1967) “Fuga en la muerte” en Poesía alemana de hoy (1945-1966). BsAs: Sudamericana.
Harris, T. (2002) “vanguardias de comienzo de siglo (Artaud, Duchamp, Huidobro, Vallejo, Girondo)” en  Kohut, Karl y Morales Saravia (Eds.) Literatura chilena hoy. Alemania: Vervuert,
Kristeva, J. (2001) Semiótica I. España: Espiral/ensayo.
Kohut, K. (2002) “Generaciones y semblanzas en la literatura chilena actual” en Kohut, Karl y Morales Saravia (Eds.) Literatura chilena hoy. Alemania: Vervuert.
Martínez, J. L. (1985) La Nueva Novela. Valparaíso, Chile: Ed. Archivos.
Moulian, T. (1998) Chile actual. Anatomía de un mito. Santiago de Chile: LOM ediciones.
Richard, N. (1994) La insubordinación de los signos. (Cambio político, transformaciones culturales y poéticas de la crisis). Santiago de Chile: Ed. Cuarto Propio.
Sarduy, S. (1987) Ensayos generales sobre el barroco. BsAs: Fondo de Cultura Económica.
Zizek, S.(2003) El sublime objeto de la ideología. Siglo veintiuno editores, BsAs.

 

Andrés Iglesias es Licenciado en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba (U.N.C). Se desempeña como profesor adscripto en el Seminario de Pensamiento Latinoamericano de la Escuela de Letras de la Facultad de Filososfía y humanidades de la U.N.C y es miembro del equipo de investigación que trabaja en el proyecto “Veinte años en la cartografía literaria del Cono Sur: 1970- 1990” bajo la dirección de la Dra. Mirian Pino.
Dirección de correo electrónico: solbakunin@hotmail.com