Ponencias
 
   
   

 

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Romano Sued, Susana

   

¿La poesía como escándalo semiótico?

Gabriela Simón
Sergio Muñoz

                                                                                                         
“Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni azul.
¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!”
Lupercio Leonardo de Argenzola, (1559-1613)
                            
            Los hermanos Virgilio y Homero Expósito, comenzaban en 1956 el  tango Maquillaje, con el epígrafe: “Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni azul. ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!”, versos de un soneto del poeta aragonés del siglo XVI, Lupercio Leonardo de Argenzola. Y continúa el tango de los Expósito:

“No...
ni es cielo ni es azul,
ni es cierto tu candor,
ni al fín tu juventud.
Tú compras el carmín
y el pote de rubor
que tiembla en tus mejillas,
y ojeras con verdín
para llenar de amor
tu máscara de arcilla...”
                      

                    Carmín, rubor, polvos y ungüentos que saturan a la vez que enmascaran rostros que pueden ser leídos en una sintaxis fetichista. Signos de un enmascaramiento  que oculta aquello que no puede ser desocultado. El maquillaje es el que dice la verdad, la verdad es el maquillaje...
                 El escándalo del maquillaje, y decimos escándalo recordando la etimología griega de la palabra(scándalon trampa u obstáculo para hacer caer –al enemigo–), al menos el escándalo del maquillaje al que este tango alude,  consiste en que se lo ‘usa’ para obturar aquello que mostraría la verdad.

 

“Mentiras...
que son  mentiras tu virtud,
tu amor y tu bondad
y al fín tu juventud.
Mentiras...
te maquillaste el corazón !”

                Tras esta dicotomía  rostro/corazón, se instala paradójicamente una utopía: la verdad reside en algún lugar (del cuerpo y/o del alma),  aún cuando la verdad sea la verdad de un sujeto que es d-enunciado por su hipocresía. Hipocresía del  hipocrités, palabra con que los griegos designaban tanto al actor, al intérprete, como al adivino, el que se oculta (hypocripto), bajo la máscara  actoral o profética.

* * *

Una digresión: a lo largo de este trabajo apelamos al recurso de la etimología. Este recurso es una política de lectura. Barthes nos enseñó que entre las posibles lecturas se encuentra la lectura en palimpsesto, allí ubica la de las etimologías. Lectura que no busca, en la etimología, la verdad o el origen de las palabras sino más bien “el efecto de sobreimpresión que ella (la etimología) autoriza: la palabra es vista como palimpsesto” (Barthes, 1997: 96).
Y es que la etimología siempre conduce“a una arborización descontrolada, a la mascarada (parodia) de la genealogía”(Rosa: 1992: 18) Por eso mismo, la etimología es sólo el mito de los orígenes y la ilusión (el maquillaje) de lo Uno. La etimología “genera un doble (doblete) del lenguaje que permite remarcar, (hypographein: cosmetizar) la ‘carnalidad’, la ‘seducción’, la ‘máscara’ de las palabras pero que al mismo tiempo construye ‘un hechizo siempre más allá de sí’, una indeterminación, desorientación del sentido que ya no fluye hacia ningún lado sino que descansa sobre sí mismo al sostenerse indecidible sobre su propio simulacro de fiel, sobre su propia ficción de cerco” (Rosa: 1992: 18).
* * *

Siguiendo una lógica de la analogía, si el maquillaje fuera equiparable a la poesía, al lenguaje de la poesía, podríamos preguntarnos ¿qué es aquello que este follaje vela? Y en este punto aclaramos que evocamos, para pensar la poesía, la cadena barthesiana de la Lección Inaugural: literatura, escritura, texto .
¿La poesía vela?, ¿la poesía es luz, oscuridad, destellos?  Pregunta que se instala en el umbral, incomodando a fuerza de recordar  que la poesía es la “máspalabra” como señala Nicolás Rosa  (Rosa, 1997).
Rostro y maquillaje al mismo tiempo, indeci(di)bilidad constitutiva. En este sentido, la poesía es siempre espejo de sí mismo, puro simulacro de profundidad.
O para pensarlo con Fenoy “no hay idea que representar, sólo ausencia, vacío o mejor recubrimiento de ese tope (la presencia, lo real) envuelto en lo interminablemente mítico del lenguaje”. (Fenoy, 2004: 228).
            Planteo este que tiene, desde una mirada genealógica, lugares de emergencia o,  dicho en términos nietzscheanos, lugares de “invención”. Decimos “lugares de emergencia” y citamos uno, Mallarmé:

“Steiner toma la escritura de Mallarmé como marca inicial de nuestra modernidad en donde se produciría la separación del lenguaje de la referencia externa, el poema ‘l’absense de toute rose’, transforma la palabra en una marca fonética totalmente arbitraria, en un signo vacío (...) se plantea la infinita distancia, el infinito espacio ente el lenguaje y la realidad dando como resultado que la verdad de la palabra es la ausencia del mundo.” (Fenoy, 2004: 106).

La verdad se exilia del lenguaje:

 “En el crepúsculo de lo que ha dado en llamar Modernidad, la verdad parece exiliarse del lenguaje, y el sujeto ser el espectro de ese destierro (...) Al caer la relación verdad-representación, para pasar a ser entendidas, la verdad como pura seducción de verdades hospedadas en la materialidad significativa que confina viejas máscaras, se plantea la pluralidad de decires, las sucesivas y paralelas expresividades, abriéndose el horizonte de la imposibilidad, fractura y fragmento de la verdad histórica, que da lugar a ese resto, que aparece como Otro, pero al que nuevamente se insiste en denominar Verdad” (Fenoy, 2004:  33-34).
           
Para decirlo con Nicolás Rosa, “la verdad ‘hace’ de verdad en su decir de apariencia, en su aparecer de vocación”. (Rosa, 2004: 21).

* * *
 
Si una certeza queda balizando la superficie, la pura superficie de eso que no tiene fondo, es quizá susurrar que  allí donde vemos maquillaje, sólo vemos despojo.
             Por eso  la poesía es interpelación;  confronta con el gesto primordial, con el Caos que funda Occidente. Bostezo oscuro que lo antecede, que lo precede, que lo  rodea y que lo (nos)  habita. A lo sumo, la poesía –el texto, la escritura– es mostración. Muestra su infidelidad semiótica, su con-fusión, el insistente desplazamiento del significado, la precariedad del sentido, su voluntad de incompletud. Y en este horizonte, el lenguaje deviene fármacon volcado en la letra; bálsamo y herida en la voz.
            Y entonces, son tan escandalosos los versos de Lupercio Leonardo de Argenzola de nuestro epígrafe como“la ciega belleza sin consuelo del mundo” de los versos de Enrique Molina...

 

“Y todo lo perdido
                                     es adorable y espléndido, el resplandor
                                    de Dios en la cáscara del camarón y  la piedra,
                                   los soles pasionales, la ciega
                                  belleza sin consuelo del mundo” (Molina, 1995 :325)

 

Referencias bibliográficas

Barthes, Roland (1997)  Barthes por Barthes, Venezuela, Monte Ávila.

Barthes, Roland (1998)  Lección inaugural, México, Siglo XXI.

Hesíodo (1972) Teogonía,  Barcelona, Iberia, (traducciónJ.Lecluyse) 

Fenoy, Liliana (2004) La escritura y su sombra. Ensayo sobre la verdad y sus bordes, Córdoba, Alción.

Molina, Enrique (1995) Orden Terrestre. Obra Poética (1941-1995), Bs. As. Seix Barral

Rosa, Nicolás (1992),  Artefacto, Rosario, Viterbo.

Rosa, Nicolás  (1997) La lengua del ausente, Bs. As., Biblos.

Rosa, Nicolás (2004) “Prólogo” in  Fenoy, L. La escritura y su sombra. Ensayo sobre la verdad y sus bordes, Córdoba, Alción, pp. 9-29.

 

Paréntesis nuestro.

“Puedo entonces decir indiferentemente: literatura, escritura o texto.” (Barthes,1998: 123).

Caos en la mitología griega es la personificación del Vacío Primordial, anterior al Cosmos (que algunos autores traducen como el “Orden”). En el Caos coexistían  Erebo (las Tinieblas) y Nix o Nicte (la Noche), que al separarse entre sí, y ambas de Caos, dieron lugar al nacimiento de Urano (el Cielo) y de Gea (la Tierra). Ver Teogonía de Hesíodo.
Resulta interesante la etimología de la palabra  “caos”, del verbo griego  kaino: abrirse//abrir la boca, las fauces o el pico// bostezar//abrir la boca para hablar.