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Ética y Estética

Mario Bomheker
Universidad Nacional de Córdoba

Durante mucho tiempo la estética y la ética fueron considerados órdenes contrapuestos: la estética era considerada peligrosa para la moral y por lo tanto era necesario imponerles normas y limitaciones éticas y someterla al dominio de la ética. A partir de la modernidad se empieza a considerarlas como dos esferas independientes y autónomas. Esta autonomía significó  la liberación de la estética de toda obligación moral y el desinterés de la ética de toda perspectiva estética. Actualmente esa neutralidad entre las dos esferas comienza a dejarse de lado y ha empezado a surgir por parte de teóricos de diferentes corrientes del pensamiento contemporáneo un interés cada vez mayor por la imbricación  y la interdependencia entre la estética y la ética.


Autores como Foucault, Bourdie o Welsch  adjudican a la estética un papel fundamental para la ética, por un lado o destacan la perspectiva ética de toda estética, por otro.


En realidad uno podría entender este entrelazamiento entre Ética y Estética como una manifestación más de la disolución de fronteras entre discursos específicos, sea que se trate de discursos científicos; sea que se trate de discursos filosóficos;  sea que se trate de discursos estéticos (Hofstädter, 1980; Lyotard, 1985; Detoeuf, 1986; Vattimo, 1990;).  Entre ellos y dentro de ellos se registran relaciones de acciones recíprocas, de interpenetraciones, préstamos, contaminaciones teórico metodológicas, que tienen consecuen­cias por igual en el terreno de la práctica y en el discurso teórico (Kuhn, 1975).


Es decir que desde hace varias décadas asistimos a una obsolescencia de los purismos disciplinares, a favor de la transdisciplinariedad y de la transversalidad.
Ética y Estética


Relaciones entre la Estética y la Ética


A decir verdad las implicancias éticas de la Estética tienen una larga tradición. Los estéticos del siglo XVIII, a fin de lograr la aceptación de su  nuevo proyecto, la creación de una disciplina científica del arte, y a su vez refutar las acusaciones de que dicha disciplina fomentarían el desarrollo de lo sensorial, entendido como lo sensual, lo instintivo, el deseo, etc., los estéticos decía, construyeron su edificio teórico sobre la base de que la estética era justamente la forma de dominar los sentidos primarios (los bajos instintos, podríamos traducir), someterlos al imperativo ético.


Alexander Gotlieb Baumgarten, el que creó y le dió el nombre a la disciplina, concebía a la Estética como una reflexión limitada únicamente al arte, sino como una empresa cognitiva para el mejoramiento de nuestra capacidades del conocimiento sensible. (“la ciencia del conocimiento sensible”) y el arte casi no aparecía siquiera mencionado,  - salvo la lírica -, pero solo para ilustrar, la perfección o la completitud  - Vollkommenheit - del conocimiento sensible.


Georg Friedrich Meyer, su discípulo afirmaba que los sentidos debían ser esclavos de la Razón. De lo contrario se corremos el peligro de caer en un estado de animalidad. Y de esclavitud moral. La Estética entendida a la luz de estas premisas, aparece como una la empresa que procura la disciplina de los sentidos.
Digo esto porque si nos remitimos al sentido etimológico del término, ya todos sabemos que Estética proviene del griego aisthesis, es decir, capacidad de percepción, por un lado y  capacidad sensible por el otro. La capacidad de percepción sirve para el reconocimiento  de estímulos, o vamos a decir mejor, reconocimiento de determinadas cualidades tales como colores, tonos, gustos, ruidos. En tanto que aisthesis como capacidad sensible se refiere a lo sensorial, pero en el horizonte del placer o del displacer. Es decir que valora lo sensorial en su reacción subjetiva.  
Como ven, nada más alejado del imperativo ético que los estéticos decimonónicos le adjudicaban a la estética: restricción de los sentidos en lugar de desarrollo de los mismos.


Friedrich Schiller en “Sobre la educación estética del hombre” avanza aún más en la dirección trazada por Baumgarten y Meier. El proyecto original de Schiller apunta a un equilibrio y a una reconciliación entre las  leyes de la razón y los intereses de los sentidos.
Pero finalmente, al absolutizar el imperativo ético, la forma se eleva por encima de la materia y lo sensorial se convierte en un terrible enemigo contra el que hay que luchar y en la medida de lo posible, extirpar.


La estética se convierte, así, en un estado que consiste en sobreponerse a las formas sensibles originales para pasar  a las formas estéticas elevadas.


Schiller es aún más radical que sus contemporáneos colegas: El secreto de la creación artística consiste en extirpar lo sensorial, lo material a través de la forma. En esta destrucción del original sensible, reside la primer premisa del ideal estético. 
La tarea fundamental de la Estética es entonces no solo superar los sensorial, instintivo, sino extirparlo.


La tarea del artista consiste a su vez en suprimir de su interior todo lo que implica el mundo exterior. La perfección del acto artístico consiste en una absolutización de la subjetividad en desmedro de la objetividad. Un juego del sujeto a puertas cerradas, suprimiendo todo circunstancia, toda exterioridad, toda otredad, todo lo ajeno.
Finalmente en esa dirección la estética reclama para si ser   la única instancia de orientación válida tanto en lo que  se refiere a la moral como en lo que se refiere a la ciencia. Es decir que la Estética se absolutiza por encima y en desmedro tanto de la ética como de la ciencia.
Absorción entonces de la ética y de lo cognitivo por parte de la Estética.
Esta postura de Schiller es representativa de lo que se conoce como la Estética tradicional. Ya mencionamos a Baumgarten y a Meier podemos incluso agregar a Hegel quien afirma que los sensible en la obra de arte debe estar presente pero solo en la superficie y como apariencia (Schein) de  lo sensible.


Resumiendo se puede decir que esta absolutización de la premisa ética de la Estética se manifiesta  en tres aspectos:


1) en contra de lo sensorial/de lo primario/lo instintivo que no solo debe ser superado sino extirpado.
2) en contra del mundo exterior, puesto que el artista debe suprimir de su interés todo resto del mundo.
3) en contra del conocimiento científico y de la moral o la ética como disciplina, puesto que estas son consideradas parciales o insuficientes para la solución de  los problemas de la vida y los problemas políticos que, según afirma Schiller, la Revolución Francesa fracaso en resolver.


Hegel a quien se atribuye  el  “Antiguo Programa Sistemático del Idealismo Alemán“ (circa 1796) comienza con el proyecto de una ética y concluye con la absorción por parte d ela estétcia de lo ético y d elo cognitivo.


Saltando en el tiempo vermos como tamvién en el siglo XX persiste esta concepción tradicional de la Estética.


Tomemos el ejemplo de Adorno:


La tesis fundamental de Adorno en relación a la relación entre Ética y Estética es que en el nivel de los contenidos o de la expresión la obra de arte no tiene ninguna relevancia. Por el contrario si la tiene en lo que hace a su forma. Cuanto má inmanente es en su construcción mayor sera su apelación contra las injusticias de una sociedad donde predominan los valores heterónimos por sobre los autónomos.
Adorno repite el esquema tradicional al considerar que la cruda materia (Das rohe) se opone al arte y que solo en su conformación, es decir nuevamente en la superación de lo material, se realiza la obra de arte y con ello el ideal de libertad que se opone a la sociedad del utilitarismo.

Veamos. Al establecer la superación del reino de lo utilitario y heterónomo para elevarse a la esfera de la libertad y de la autonomía,  Adorno articula el tradicional imperativo con un mandato contemporáneo. En la negación de lo inmediato sensible y el mandato de la forma como compulsión, tenemos un eco de la concepción tradicional, que en el caso de Adorno no se llama ennoblecimiento sino espiritualización (Vergeistigung).

Esta estética – plena de ideales de Justicia/equidad  y en contra de la Opresión –, posee el carácter de modelo para un nuevo tipo de sujeto,  que debe reconocer al otro en su diferencia.
Por otro lado el concepto de una justicia/equidad de carácter estético es una severa crítica al concepto de Justicia/equidad jurídico/político. El concepto jurídico político de Equidad/Justicia se basa en el “principio formal de la equivalencia” por el que se suprimen las diferencias (piensen en el dictum “todos son iguales ante la ley”). La equidad estética por el contrario reconoce las diferencias. Equidad respecto a lo Heterogéneo.
Este reconocimiento de la equidad de lo Heterogéneo, nos lleva al concepto de pluralidad.


Pluralidad.

El concepto de pluralidad desde que la Modernidad engendró la pluralidad en la diversidad tanto de las obras como de las formas del reconocimiento de las mismas, se ha convertido en un  concepto fundamental de nuestra contemporaneidad. Pero no se trata de diferencias sobre una base común, sino de bases diferentes. Las obras representan diferentes paradigmas y demandan por ello diferentes criterios de consideración   diferentes modelos. El carácter enigmático, de difícil de comprensión, resistente a la observación rápida del arte  moderno y del contemporáneo, es un indicio claro de que de que este no sigue un canon general; sino que desenvuelve su propios códigos y sus propios paradigmas.
Por ello la conciencia estética debe considerar tres cosas:

  1. Cada obra individual debe hallarse su clave de lectura.
  2. Cada percepción es específica.
  3. Una percepción determinada excluye otro tipo de percepción.


Me detengo en esto último: Ver algo significa, dejar de ver otra cosa. No existe el mirar sin puntos ciegos, y ni hablar de los otros sentidos.
En consecuencia al elegir un tipo de percepción no solo hacemos una elección estética, sino una elección anestética (anestésica).  


Teniendo en cuenta esos principios podemos establecer una serie de códigos de la conciencia estética contemporánea:

  1. Existe una especificidad de cada enfoque estético.
  2. No existe un solo paradigma  de Percepción estético.
  3. En la percepción estética hay que estar atento a aquellos aspectos que pasan desapercibidos o que aparecen como secundarios o no dignos de observación, puesto que en ellos puede residir lo más importante de la obra. Es decir hay que estar atento a lo que se pasa por alto, a lo que se desoye inaudito), a lo que se  desatiende.   
  4. Estos puntos indican que para el arte contemporáneo trabaja a favor de lo que se pasa por alto, lo que se desoye, lo que se desatiende. A esos aspectos quiere el arte darles una expresión, un lenguaje, un reconocimiento no únicamente a lo evidente, a lo visible, a lo pregnante, a lo que brilla. Es decir una estética que prefiere los espacios vacíos, los intersticios, la alteridad. Y de esta manera su atención se desvía no solo hacia lo estético sino hacia las relaciones sociales y la formas de vida.


Y en ese sentido es que  la pregunta del principio – la relación entre ética y estética  cobra sentido.


Puesto que en una imbricación real de la Estética con la Ética, significa que la Estética no se detiene en los límites de la esfera del arte, sino que la sobrepasa y se proyecta a la constelación social y política.