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El lugar de lo estético en el activismo:
Una imagen que acciona en clave de género
Silvina I. Patrignoni
Universidad Nacional de Córdoba
En la actualidad, poner en juego la noción de discurso no nos circunscribe sólo a la palabra escrita, y nos permite pensar su puesta en evidencia a partir del acto poético de múltiples prácticas.
En ese mismo sentido, advertimos que las prácticas estéticas son concebidas en múltiples acontecimientos, a modo de anclaje organizador de acciones políticas: El acto político deviene así en hecho poético. Su discurrir se explicita en la imagen de forma concreta y devuelve al espacio de la comunitas una identidad que, no sólo le afecta sino que también le corresponde. Así, trataré de describir las prácticas del grupo Hilando las Sierras en su
1° Encuentro de mujeres en un mural colectivo, incursionando en el análisis del mismo en tres perspectivas: su proyección, el proceso de realización como intervención y acción política, y el producto que persiste como discurso poético en tanto el mural en sí que reviste y refuncionaliza las paredes del Club Polideportivo de Río Ceballos.
Por ello, al hablar de la intervención en un espacio público, en el cual la performance del activismo dejó su huella material en la comunidad, debemos dar cuenta de la imagen en sí y su significación poética, tanto de su representación, como de la práctica colectiva que la gestó y a su vez, de la espacialidad que se modificó a partir de su presencia, podríamos decir, aurática.
El grupo (Asociación civil) Hilando las sierras lleva a cabo acciones desde y en la zona de las sierras chicas de la provincia de Córdoba. Se sitúan allí, aunque tiene trato fluido a nivel nacional y están ligadas a prácticas internacionalistas en torno al género y los derechos de las mujeres. Su objetivo central, precisamente, es el de promover el protagonismo y liderazgo de las mujeres mediante intervenciones públicas, encuentros de mujeres artistas y talleres de hilado y telar. En sus realizaciones:
Los contenidos (de estos espacios) tienen que ver con género, sexualidad y derechos humanos y así sumamos nuestro trabajo cotidiano a la construcción de redes solidarias que contribuyan a erradicar la discriminación y la pobreza (Hilando las sierras: 2006).
En primera instancia, debo decir que en las producciones de este grupo de mujeres, se podría hablar fundamentalmente de dos tipos de realizaciones: las que son principalmente de inclusión –como el 1° y 2° Encuentro de mujeres escultoras) y de denuncia –como las intervenciones urbanas entorno a la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Estas últimas se emplazan en la urbe, podríamos decir, a modo de interferencia urbana, término que la artista Graciela Sacco (en López Anaya: 2006) utilizó para denominar sus intervenciones en los espacios públicos, en tanto interferir significa cortar, estorbar, interceptar, obstruir, ocupar…
El presente trabajo aborda una acción del orden del primer grupo: las inclusivas, teniendo estas características en el énfasis mismo del nombre del evento, en el que tres palabras eje se enlazan para darle sentido desde allí: mujer-mural-colectivo. Palabras claves y propositivas que atienden, respectivamente a la cuestión de género, a la incursión no arbitraria en una práctica vanguardista de irrupción y por último, a una entidad política de carácter igualitaria en el método de llevar la acción a cabo.
Esta conciencia planteada desde la configuración del nombre, permite pensar en estas intervenciones urbanas como prácticas concretas con un objeto claro: Al ver a la posición de la mujer en la sociedad, y de modo más específico, tomando su posición relativa en el campo del Arte, en la que la suponen con circulación precaria y ficcionada, expulsada de alguna manera de los ámbitos de la cultura canonizada y legitimada; es que se propone –contraculturalmente- recuperar o tomar, sencillamente, espacios de la comunidad por la comunidad misma…para instituir nuevas miradas-otras en la construcción discursiva –y per se en el imaginario- de la comunidad.
El acto poético se convierte así en un hecho político y su discurrir está explícito en el proceso de construcción del mural. Esto toma a su vez, carácter metapoético que asume una posición desde el género y a la par, posiciona al género desde su visión de mundo.
La experiencia intervencionista de mujeres se vienen llevando a cabo desde las vanguardias y, reconocen de alguna manera, una relación con la conferencia que realizó Walter Benjamín en el Instituto para el estudio del nazismo en París, lugar de su exilio, en 1934. Estas prácticas con tradición establecida desde las feministas de los ’70, están inspiradas en la conferencia citada El autor como productor, la cual en su origen fue una denuncia al nazismo de los años ’30, pero también una invitación a rever las correspondencias entre el arte y la política:
El artista de vanguardia debía adoptar una actitud contestataria, interviniendo como lo hacían los trabajadores, en el aparato de la cultura burguesa. Pero había que cambiar los procedimientos artísticos, relegando las cuestiones de calidad, estética, belleza, frente a la de técnica y política. El filósofo negaba de manera implícita la forma, el lenguaje, el estilo, a favor de la técnica y de la importancia política.(López Anaya: 2007)
A su vez, la ruptura esta dada desde las prácticas en sí, desde la cual las artistas de Hilando trabajan desde hace tiempo buscando romper con las estructuras individualistas del Arte que conciben al artista en soledad; y además con la cuestión de autor. En ese sentido, instalan un abordaje colectivo en la que cada una puede expresarse pero a partir de un hacer en común que asimismo tiene una búsqueda política en su discursividad: des-re-configurar el rol de la mujer en el arte en particular y de esa manera, refuncionalizarlo en la sociedad en general.
Es decir, el abordaje del género lejos de ser un acto simbólico deviene en proclama activista defendiendo y alzando la necesidad de instaurar una equidad social que deje atrás los
convencionalismos sexistas.
Estos preceptos –con fuertes arraigos en las prácticas muralistas de los estridentistas mexicanos- son parte de la configuración, están presentes en la técnica y el método de realización mural y en la 1° etapa de esta acción: el proyecto.
Éste, asimismo, tiene una doble funcionalidad en el análisis, dado que por un lado está en relación a la preparación fehaciente de una actividad y, por otro, la liga a lo utópico , en tanto se proyecta como acto que cambia el estado de cosas y las transforma en forma positiva y permanente en un futuro.
Para configurar la segunda etapa -el proceso de acción e intervención pública- primero que nada debemos detenernos en dos categorías: la de la praxis colectiva (que forja la gestión en general) y la de convivio, en tanto:
…responde a un vínculo situado, territorial y preserva la cultura de la oralidad [y de la presencia, agregaré] en una sociedad letrada y regida por el auge de lo sociocomunicacional sobre lo socioespacial (…) [El convivio] exige la proximidad del encuentro de los cuerpos en una encrucijada geográfico-temporal. Un vínculo estrictamente aurático (Dubatti: 2007).
Tomo en cuenta lo colectivo, en varios sentidos: primero, esta realización se propuso desde un grupo si bien heterogéneo de mujeres de edades divergentes, todas artistas y con un propósito común …En este sentido, recordemos también que todas tienen una práctica social y de cotidianeidad emplazada en las sierras desde las que pretenden realizar el entramado de experiencias de mujeres y la revalidación e institución de prácticas propias de la mujer como lo es, ancestralmente, el arte del hilado y el telar.
Estas artistas operaron como un conjunto: cada individualidad propugnó un trabajo de grupo que implicó borramientos de los rasgos personalistas y formó un colectivo de tareas. Además, el espacio elegido para esta acción fue el Polideportivo Río Ceballos de esa ciudad, y en este sentido, como expresa Nicolás Bourriaud en su libro Postproducción: … el arte hace concientes los escenarios colectivos y nos propone otros recorridos por la realidad, gracias a las mismas formas que materializaban los relatos impuestos (Bourriaud: 2006).
De esta manera, las estructuras llamadas no convencionales, precarias para el arte, descontextualizadoras del objeto en sí y configuradoras de nuevos lugares para ser y hacer de lo poético, se constituyen en herramientas de creación colectiva produciendo un convivio, fundamentalmente trascendental en el marco del proceso de producción de la obra.
Tengamos en cuenta que, en tanto las paredes seleccionadas para realizar el mural están enfrentadas espacialmente a las canchas de fútbol del Club, se alzan desde la lejanía visibles y forman parte de la cotidianeidad de los habitantes del pueblo, la labor de realización funcionó cual una performance, interviniendo el espacio y transformándolo efectivamente funcionando como un hecho de cambio y convocante con los sujetos participantes del contexto original.
Justamente, ocurre que en medio de la corriente mercadotécnica de la sociedad y su perfil comunicacional en el que prevalece la relación intermáquina, el convivio –que alude a una reunión, encuentro de presencias- se convierte en una estructura aurática. Si consideramos que
“(…) la epopeya griega arcaica pone al hombre en relación con Mnemosyne, la Memoria divina del mundo, en el marco ritual del banquete sacrificial, por intermedio del aedo (…) Saber efímero y musical, sólo es accesible en el banquete ritual y no puede atesorarse como mercancía” (Dupont en Dubatti: 2007)
Esto nos permite pensar al proceso del mural como una proximidad. En ella, el carácter del espectador se desdibuja para darle paso al participante, ya que en este encuentro tan efímero como irrepetible, tanto autores como público comparten la misma jerarquía. Esta forma de hacer admite una dinámica en pos de la no fijación de roles sino que, por el contrario, promueve la recreación lúdica, conjunta e intercambiable que invita a los otros a ser parte de.
Así, el espacio club se convierte en un ruedo de experimentación en dos sentidos: el de la experiencia, ya asumida como práctica colectiva; y el de la prueba que a partir de elementos ya dispuestos, reinventa situaciones y las resignifica.
Esta búsqueda conciente de transformación, es una acción metarreflexiva que se asume como herramienta emancipatoria, en tanto el Arte como medio de lucha propone instaurar en un espacio público –de todos- la mágica acción de la poética. Esto se genera a partir de las obras de las artistas autoconvocadas, la obra que se construyó in situ y la poética con la que colabora el club.
El mural, presenta una nítida ruptura con aquella tradición que concibe al libro o al lienzo, como únicos soportes posibles en los que debe circular la poesía, su discursividad, así como establece determinados preceptos y normas que enjaulan, limitan a la palabra/discurso al papel, al carácter y al espacio en blanco. Y a su vez, establece una ruptura con las formas legitimadas que regla a la poesía desde los mandatos fundamentalmente convencionales de los cánones esteticistas y cerrados que impiden la interdisciplinariedad y la visión del discurso fuera del código lingüístico estricto.
Podemos establecer así, que este acto artístico-político realizado en Marzo de 2007, es lo que se denomina “activismo en plena calle”, vertiente que según Nina Felshin: es un híbrido de los mundos del arte y del activismo político, que se apropia del espacio urbano, de las técnicas de publicidad y de los lugares públicos.
En este sentido, debemos tener en cuenta que vivimos una época en la cual, la interconexión intermedial entre las artes (Romano Sued: 2006) prolifera: se reconoce una explosión de los géneros artísticos y una expansión hacia múltiples contenidos: sociales, políticos, económicos, científicos. Se estetizan todos los campos vitales y en torno a la vehiculización de los simulacros actuales que suponen la utilización del Arte y así, muchos se cuestionan acerca de la situación moderna de la autonomía del y en el arte. Sin embargo, creo que estos actos promueven una liberación artística que a su vez, democratiza las prácticas estéticas y las expulsa de prisiones sinsentido en las que encorsetadas, se plantean convencionalmente.
En el producto performático, en el mural en sí y la imagen creada y creadora de singularidades, múltiples puntos de fuga se proyectan en el espacio urbano y quiebran las barreras normativas de la cultura podríamos decir, oficial, replanteando lo poético local.
Es importante revisar que cada una de las partes analizadas –a ser: proyecto-proceso y producto- presenta una evolución que va desde lo más político-convencional a lo lúdico-social, funcionando de esta forma como corriente emancipatoria de liberación y como Fiesta, en estrecha relación con lo ritual (sobre todo teniendo en cuenta el espacio elegido como lugar de reunión recreativa).
Sucede, precisamente, como expresa Daniel Ávalos, integrante del Group material :
(se) plantea (ba) la necesidad de entender el espacio público no como un lugar de paso sino para congregarse, para crear espacios de discusión, de socialización, y de visibilidad “debemos insistir en crear espacios en la sociedad para la discusión, para las ideas en que estamos interesados y, en este sentido, trabajar para la posibilidad de una sociedad democrática”. (López Anaya: 2006).
La acción poética y las intervenciones urbanas, sin duda son, en el mundo contemporáneo, una manera efectiva de situarse en el espacio social y hacer con Imagen, poesía y discurso un lugar eficaz para la experimentación.
Y de esta manera la imagen de la mujer creadora, que gesta y se gesta en un espacio de invención, ancestralmente legitimada así y reunida aun en sus particularidades y en el respeto por un-otro/otra, se instala en la comunidad con la representación fáctica de su capacidad de ser y en pos de hacer hacer a partir de sus expresiones devenidas justamente en herramientas de lucha emancipatorias e igualitarias con el grito plasmado sobre el muro de: “Es necesario que nos apropiemos de nuestra voz…cuantas mujeres…todas” (Hilando las sierras: 2007) para concebir de modo diferente a lo diferente en el espacio local y en torno al concepto universal.
Bibliografía
- Bourriaud, Nicolás (2004).Postproducción, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires.
- Butler, Judith (2001). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, Paidos, Buenos Aires.
- Dubatti, Jorge (2002) “Teatro, encuentro de presencias” en El convivio teatral, Atuel, Buenos Aires.
(2007). Filosofía del Teatro I - Convivio, experiencia, subjetividad-, Atuel, Buenos Aires.
-Hilando las sierras (2006). Folletos de actividades y volantes.
(2007). Archivo fotográfico y folleto de Mural colectivo de mujeres.
- López Anaya, Jorge (2007). “Prácticas críticas y activistas”, en El extravío de los límites. Claves para el arte contemporáneo, Emecé arte, Buenos Aires.
- Romano Sued, Susana (2006). “Utilizaciones sociales y políticas del arte. Palabras preliminares” Discurso inaugural de las I Jornadas Internacionales de Poesía y Experimentación, Córdoba, inédito.
Entendiendo por utópico y su correspondiente proyectualidad a la concepción de la lucha en pos de una efectiva transformación de la realidad, evento a lograr mediante prácticas socioartísticas. Si bien, la concepción más difundida de utopía, concibe a la misma como un estado social ideal y por lo tanto, inalcanzable e inexistente en el plano material de la vida, podemos establecer que quienes la vivencian desde las acciones estéticas, plantean su accionar en pos de ese cambio que consideran genuino y alcanzable, a futuro.
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