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UNA ESTÉTICA DE LA VIOLENCIA: LA VIRGEN DE LOS SICARIOS de Fernando Vallejo
Pividori, María Elisa
Hacia finales del siglo XX y principios del XXI, el aumento de la violencia en América Latina obliga a repensar nuestra realidad, envuelta en las características de un fenómeno que intenta ser explicado desde diferentes disciplinas. Así, Erna Von der Walde entiende que la complejidad de este problema radica no solamente en el aumento de la violencia; sino que, además, han entrado en crisis los propios discursos que intentan explicar los problemas de América Latina.
En este contexto, las estadísticas ubican a Colombia como uno de los países más violentos a nivel mundial. Es por eso que allí, durante los últimos 20 años, diferentes disciplinas sociales vienen produciendo gran cantidad de bibliografía sobre las características de esta violencia. Esta compleja situación ha llevado a la creación de una disciplina específica: la violentología, que se plantea como un eje a partir del cual elaborar herramientas teóricas para el análisis de esta violencia y sus características más específicas. Y, al tiempo que las ciencias sociales analizan el fenómeno para determinar el estado de la cuestión y ofrecer posibles soluciones, el arte, desde la plástica a la literatura, da cuenta de una sociedad quebrada por las acciones violentas y el miedo. Esta crisis en Colombia posee rasgos singulares, dejando de ser exclusivamente una problemática de orden social y manifestándose en un complejo entramado de otros discursos: político, cultural, religioso; que, a su vez, se vinculan con una suerte de tradición nacional de la violencia rastreable a lo largo de la historia de este país. Un triste ejemplo de esta situación representa el período que en Colombia se conoce como La Violencia, con mayúsculas, una guerra civil que se extendió durante los años cincuenta y constituye el sustrato de los conflictos armados posteriores hasta la actualidad; de esta guerra con machetes, que surgió entre los campesinos, también hace memoria Fernando Vallejo en La virgen de los sicarios.
Esta breve contextualización nos permite una aproximación a la literatura colombiana que ha generado toda una narrativa de la violencia en los últimos años, con la aparición de grandes núcleos temáticos sobre la guerrilla, el ciclo de Pablo Escobar o la sicaresca colombiana para nombrar algunos ejemplos. Desde nuestra lectura, consideramos que la violencia no sólo ha adquirido un carácter central en el discurso literario colombiano más reciente en cuanto eje temático, sino que fundamentalmente trasciende ese nivel porque la narrativa misma, la forma de decir, se vuelve violenta. Así es que la crítica literaria destaca la particularidad de este aspecto proponiendo que la violencia no está representada por los hechos que se narran, sino que la escritura misma se constituye como escenario de esa violencia…
En este sentido, observa Von der Walde que La virgen de los sicarios (1994) de Fernando Vallejo, “…construye esta crisis de significación como el lugar mismo de enunciación del relato” (223). El argumento de la obra es simple: el protagonista es un dandy que regresa a Medellín después de la muerte de Pablo Escobar, el Jefe del narcotráfico en Colombia. El narrador ha vuelto a la ciudad de su infancia, allí entabla una relación con un sicario. El recorrido de la metrópoli se convierte en una actividad de asepsia social, donde “el Ángel Exterminador” elimina la miseria humana, esa “raza” que constantemente rompe las normas lingüísticas porque no es letrada, y oye una “carraca” despreciable que sólo hace ruido y molesta a su amante especialista en gramática. Sin embargo, esta crítica considera que:
La fuerza del relato de Vallejo radica fundamentalmente en la operación de lenguaje. Más allá de los eventos violentos que se narran, se siente la exasperación ante la falta de referentes, de nociones básicas que permitan hacer inteligible lo que está sucediendo. ¿Cómo hacer visible el horror de esa violencia cuando todos los que habitan ese mundo han llegado a familiarizarse con ella? ¿Quiénes pueden ser los interlocutores de una narración que no relata nada distinto de lo que muestran los noticieros de la televisión, o informa la prensa escrita, o discuten los académicos? ¿Cómo puede narrarse la violencia desde el lugar que la produce? ¿Quién, en un país en el que todos se ven involucrados, puede apelar a una escala de valores que condene? ¿Condenar a quién? (223)
En Colombia, el discurso de la violencia se presenta como una forma de vida. Y esta experiencia, que es parte del paisaje cotidiano, ha llegado a naturalizarse en el imaginario social como forma de supervivencia. Esto se observa, por ejemplo, en la letra del vallenato
‘me lleva a mí o me lo llevo yo pa que se acabe la vaina’. Lo cual, traducido al cristiano, quiere decir que me mata o lo mato porque los dos, con tanto odio, no cabemos sobre este estrecho planeta. ¡Ajá conque eso era! Por eso andaba Colombia tan entusiasmada cantándolo, porque le llegaba al alma. (LVS: 91)
Así se construye esta imagen del enunciador como un traductor e intérprete del lenguaje de las comunas; es el especialista del lenguaje que viene de afuera y explica ese código desconocido. Esta actividad de traducción es necesaria para que el lenguaje de los sicarios sea decodificado y, por lo tanto, inteligible para quienes no pertenecen a este grupo; pero, además, la traducción y la apropiación de ese discurso permiten el ingreso de este sociolecto en el ámbito de circulación del discurso letrado. Por eso el enunciador adquiere un carácter de mediador que explica la jerga que no entiende la cultura letrada porque carece de familiaridad con los paradigmas de la violencia.
…oigan lo que él me contó y que les quiero contar: que le habían dado un día ‘una mano de changón en su barrio’. Qué es un changón preguntarán los que no saben como pregunté yo que no sabía. Era una escopeta a la que le recortaban el tubo, me explicó mi niño. ‘¿Y para qué se lo cortan?’ que para que la lluvia de balines saliera más abierta y le diera al que estuviera cerca. ¿Y los balines qué? ¿Eran como municiones? Sí, sí eran. (35)
Como planteamos al comienzo, la crítica nos remite a la discusión sobre la crisis misma de los discursos en América Latina. Se destaca la idea de que la instancia de enunciación adquiere un papel relevante en el relato porque produce efectos de sentido utilizando estrategias discursivas que construyen un lenguaje desde la violencia. La narración permite la circulación de un lenguaje lleno de insultos, de giros y expresiones coloquiales que chocan entre sí imprimiéndole un ritmo acelerado al relato. Se reproduce así el discurso de la violencia con estructuras gramaticales que intentan acercarse desde el estilo y la forma a esa violencia.
En la narrativa de Fernando Vallejo, el insulto es un medio parcial de representación de la violencia de sus personajes hacia sus respectivas víctimas y esto se da en el plano retórico, pero también físico. Además, esta utilización constante del desprecio y la humillación para referirse al otro tiene como finalidad la construcción de una imagen de ese otro como ser despreciable. A esto se refiere Contreras cuando afirma que
En este ambiente de violencia hay una deshumanización de los personajes en la cual la vida ajena es insignificante y puede terminarse fácilmente, esto se representa con términos como ‘quebrar’ y ‘cascar’. (Contreras, 7)
Este ejemplo evidencia el uso de expresiones coloquiales muy simples; pero, a la vez, revela que el lenguaje es el elemento que introduce la lucha entre la voz letrada del narrador y la jerga de los sicarios. La escritura, como medio de representación del lenguaje de la violencia, revela la noción foucaultiana del discurso como herramienta con la cual se lucha, pero también (y principalmente) como fin por el cual se lucha.
Podemos decir que Vallejo rechaza lo políticamente correcto y la objetividad. La intolerancia también se manifiesta en el relato como una de las tantas caras visibles de la violencia (que pone en juego determinada escala de valores). El narrador demuestra aberración hacia los pobres, hacia esa raza que debiera ser exterminada porque sólo sirve para reproducirse y producir más miseria. Enunciando desde un lenguaje culto, el gramático se refiere al pueblo como sujetos despreciables, negándoles toda condición de dignidad humana.
Mis conciudadanos padecen de una vileza congénita, crónica. Ésta es una raza ventajosa, envidiosa, rencorosa, embustera, traicionera, ladrona: la peste humana en su más extrema ruindad. ¿La solución para acabar con la juventud delincuente? Exterminen la niñez. (LVS: 38)
De acuerdo con esto, se descarta a los sujetos que molestan y la eliminación del otro se convierte en una actividad de limpieza, de asepsia social llevada a cabo por el Ángel Exterminador. Sin embargo, esta representación de la vida humana como un bien de escaso valor se presenta en oposición a otra escala de valores que considera a los animales como los sujetos más preciados y merecedores de la dignidad de que carecen las personas. Alexis el sicario que acompaña a Fernando, el protagonista, no tiene valor para dispararle a un perro que encuentran malherido en una alcantarilla y sin posibilidades de salvarse. Para el sicario, empleado de la Muerte, la condición humana tiene el valor de la inmediatez de los patrones de moda de su entorno (tener unos tenis nuevos, ropa de determinada marca, autos, armas de repetición más modernas), por eso puede matar fríamente; pero, frente al perro llega a enternecerse y llorar, resistiéndose a dispararle.
Para finalizar, podemos decir que la forma en la que se narra reproduce la violencia de los hechos que se narran. Y esta singularidad adquiere un carácter relevante cuando observamos que el relato introduce una valoración de la vida misma y menosprecio por la humanidad como tal. Si la vida del otro carece de valor, se vuelve lícita su eliminación en el discurso.
BIBLIOGRAFÍA
CONTRERAS, Ana Yolanda. (s/d) El lenguaje irreverente como representación de la violencia en La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo. htpp://bama.ua.edu/~tatuana, Número 2, 1-9.
JÁUREGUI, Carlos y SUÁREZ, J. (2002) Profilaxis, traducción y ética: la humanidad ‘desechable’ en Rodrigo D, no futuro, La vendedora de rosas y La virgen de los sicarios. Revista Iberoamericana, Vol. LXVIII. Núm. 199, Abril-Junio, 367-392.
VALLEJO, Fernando. (1994) La virgen de los sicarios. Buenos Aires: Suma de Letras Argentina S.A. Punto de lectura, 2005.
VIEIRA, Estela. (2003) La función del silencio en La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo, Canon perpetuo de Mario Bellatin y Cárcel de árboles de Rodrigo Rey Rosa. Revista Alter texto, Núm. 2, Vol. 1, 45-46.
VON DER WALDE, Erna. (2000) La sicaresca colombiana. Narrar la violencia en América Latina. Revista Nueva Sociedad 170, 222-227.
VALLEJO, Fernando. La Virgen de los Sicarios (1994 [2005]). Suma de Letras Argentina S.A. Punto de lectura. En adelante, citamos por esta edición
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