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Alejandra Pizarnik: el espacio visual como modo de resignificar la palabra poética
María Ofelia Zanetta
Universidad Nacional del Litoral
Una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
Alejandra Pizarnik
Este trabajo es una primera aproximación al estudio de la intersección entre la literatura y el arte (entendemos al arte en un sentido pictórico) en la poética de Alejandra Pizarnik ya que nos parece relevante pensar su obra en relación con la imagen visual.
Nuestra hipótesis es que las relaciones entre poesía y arte promueven una poética basada en la construcción de desplazamientos/intersecciones de espacios lingüísticos y visuales. Para esto trabajaremos los siguientes libros: Árbol de Diana (AD); Extracción de la piedra de locura (EPL) y Los trabajos y las noches (LT) de dicha autora.
Pizarnik conjura a la palabra escrita y la vuelve palabra visual, todo parece plasmarse en pinceladas, en trazos indefinidos que la mirada concreta. Los sintagmas breves, la escasez de signos de puntuación, y la recurrencia de una primera persona desdoblada, producen un texto complejo y, por momentos, inescrutable.
Nuestra investigación enmarcada en el estudio de las relaciones interartísticas parte del supuesto de que una escritura abierta a la mirada de la pintura es ecfrástica, entendemos el término según Gabrieloni : “busca representar verbalmente representaciones visuales”. Para analizar este tipo de representación consideraremos tres aspectos: primero la focalización de la mirada; segundo la desmaterialización de las imágenes y por último la instancia narrativa.
¿Y porqué hablas como si el silencio fuera un muro y las palabras colores destinados a cubrirlo?
Las imágenes proyectan lo que a la palabra por sí misma le está vedado. Se plantea un doble juego: se escribe para no decir y es el silencio, la palabra muda, inconclusa, la que da paso a través de sí misma a las imágenes visuales.
Se traza una escritura pictoricista que se lee a manera de cuadros, la atención se focaliza en primera instancia en el poder de la mirada. Los ojos o la mirada tienen diversas funciones: como metonimia de la vida“por un minuto de vida breve/ única de ojos abiertos/ por un minuto de ver” , en este fragmento la imagen de los ojos abiertos, implica una mirada alerta capaz de captar la esencia de las cosas y eso es lo que le otorga el verdadero valor a la vida; como “ojos hiperbolizados mediante duplicaciones” dirá Gabrieloni “cuando vea los ojos/ que tengo en los míos tatuados” , la mirada se vuelve espejo de sí misma y en su refracción se plantea la anulación de ésta, como si se quisiera ver qué es lo que refractan dos espejos enfrentados, nada… se muestra la carencia, la imposibilidad de la visión mediante la exacerbación de la misma; como testigos lúcidos “en amistad con mis ojos he visto, he visto y no aprobé”, la mirada escrutadora es la que guía el conocimiento ; y, por último, como canibalización del que mira, mediante el uso de la primera persona se representa en espejo al que lee, el que mira se configura como objeto de su mirada: “Veo crecer hasta mis ojos...” ese verbo “veo” me identifica y maldice me convierto en objeto y me obliga a seguir mirando.
En segunda instancia, se produce una abstracción de las imágenes, los cuerpos se van desmaterializando: “no más las dulces metamorfosis de una niña de seda/sonámbula ahora en la cornisa de niebla / su despertar de mano ahora respirando/ de flor que se abre al viento”
Las personas se multiplican mediante representaciones en espejo y esto implica que se pierda la concreción de la figura y de lugar a un mero reflejo:
“Ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe”
En este texto el pronombre personal “ella” se desmaterializa en un recuerdo de sí misma (imagen en espejo) al transcurrir la acción en la memoria. Lo interesante de esto es que observamos cómo se va deshaciendo la representación de corporeidad del pronombre, cuando se proyecta como visión de un recuerdo que desconoce su destino y que a su vez no se puede o no se sabe nombrar porque no existe, la imagen se “canibalizó” en su recuerdo hasta volverse nada.
Otro de sus textos versa:
“Veo crecer hasta mis ojos figuras de silencio y desesperadas. Escucho grises, densas voces en el antiguo lugar del corazón”
A las figuras se le atribuye dos características recurrentes en el glosario pizarnikiano: el silencio como lo que no puede ser dicho pero está latente y la desesperación, sensación constante en sus textos como doncella presa de Erzébet Bathory. Ahora bien, la acción cobra vida en el momento que el objeto alcanza la mirada de alguien, y esto da paso a los sonidos truncados como duplicación del silencio de esas figuras, el sonido del corazón que late ha sido reemplazado por los grises y las voces densas y esto alude, tal vez, a la desesperación de la mudez de ese latido.
El cuerpo poco a poco se vuelve visión, figura, aire, sombra, y finalmente silencio: “he dejado mi cuerpo junto a la luz” ; “aire tatuado por un ausente”; “Espacio. Silencio ardiente. / ¿Qué se dan entre sí las sombras? El cuerpo se va desgajando dando lugar a una figura que se presiente, se anuncia pero que no llega a estar textualizada. La falta de imágenes concretas va prefigurando las “figuras de la ausencia”, Pizarnik escribe: “Quiero ver en vez de nombrar” y a modo de epitafio los siguientes versos: “Del combate con las palabras ocúltame/ y apaga el furor de mi cuerpo elemental”
En tercera instancia, podemos plantear que la brevedad del texto alude a una palabra que no dice sino que más bien sugiere. Para esto, el poder narrativo de la palabra va a estar supeditado a los cambios del color, a los espacios intimistas y al uso de un tiempo presente que “cosifica” las acciones y las mantiene en ese instante. Aira dirá: “…al alba, he notado que en la poesía de A. P. es el momento emblemático de la anulación del tiempo (…) La coexistencia de tiempos en el relato es básicamente la convivencia del presente y el pasado: el pasado en que sucedieron los hechos y el presente en que se los cuenta. (…)El tono sombrío de la poesía de A. P. deriva, también de su negativa o imposibilidad de adoptar un ritmo narrativo” (2004: Pág. 21)
Las acciones son suspendidas en el tiempo mediante el uso de los verbos en presente y esto le otorga a la narración una recurrencia cíclica. Los verbos en tiempo pasado tienen consecuencias en el aquí y el ahora y eso les proporciona perdurabilidad.
“De aquí partió en la negra noche
y su cuerpo hubo de morar en este cuarto
en donde sollozos, pasos peligrosos
de quien no viene, pero hay su presencia
amarrada a este lecho en donde sollozos
porque un rostro llama,
engarzado en lo oscuro,
piedra preciosa.”
En estas líneas leemos que el espacio está identificado como: aquí, cuarto y lecho y las acciones concurren dentro de ese perímetro, pues si bien el verbo partió encierra la idea de alejamiento, todo remite a lo que queda “sollozos, pasos peligrosos, presencia amarrada”. Como plantea Aira sobre el alba, se marca temporalmente la anulación del tiempo, pero esta supresión se configura visualmente en un espacio de luces y de sombras, el espacio es un interior va a decir Negroni: “… y en dicho interior; en ese “pequeño teatro” que es también, claro, un espacio de fijaciones, el personaje cambia de máscaras de nombres, se observa hasta la desesperación (…) y de ese modo dibuja lo que no tiene nombre…”
Así en esta intimidad del cuarto el tono sombrío del texto se remarca con los lexemas “negra noche” y “engarzado en lo oscuro” lo cual subraya el escenario sórdido y la desesperación por la ausencia.
En Pizarnik la luz se proyecta de modo indirecto y en confluencia con la sombras lo que proporciona profundidad a la imagen, por lo general la fuente de luz es un objeto que refracta en otro y que lo canibaliza:“camisa en llamas”, “la sombra de su sombra”; “un golpe de alba en las flores”; “memoria iluminada, /galería donde vaga la sombra de lo que espero”
No leemos, miramos, miramos el cuadro que A. P. escribe con su sangre diría Negroni, yo aclararía pinta. Las visiones son las que nos guían, uno tiene una visión, una imagen, un supuesto y trabaja en función de eso.
“Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos, mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada, un fuego incesante.”
El miedo se plantea terrible si no tenemos la posibilidad de nombrar lo que vemos, Lo que vemos, lo que nos mira en palabras de Huberman es ese objeto inerte que nos devuelve la mirada y desde esa imagen se vuelve terrorífica la visión, una visión paralizante de ser nosotros los observados; y Pizarnik ha dibujado con palabras lo que los ojos no podían dejar de ver.
“No el poema de tu ausencia, /sólo un dibujo, una grieta en un muro...” es el dibujo, es esa grieta en el muro que da paso a la ausencia, lo que abre y cierra a la nada. La palabra visual no prevalece por sobre la palabra escrita, sino más bien la brevedad del lenguaje que caracteriza a estos libros traza una escritura simbiótica en la cual la inmediatez de la imagen repone lo que está elidido.
En esta primera aproximación a la obra de Alejandra Pizarnik partimos de algunos supuestos para definir los elementos que plantean un desplazamiento del espacio textual de la palabra para la construcción de uno visual como modo de resignificación de la palabra poética.
Aunque este trabajo lejos de contestar se abre a nuevos interrogantes que serán objeto de estudio en nuestra investigación. En palabras de Pizarnik:
“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar; ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice, y además más y otra cosa.”
Bibliografía Básica
PIZARNIK, Alejandra: Poesía completa. Lumen, Argentina, 2004.
Bibliografía Secundaria
AIRA, César (1998) Alejandra Pizarnik, Betriz Viterbo Editora, Rosario, 2004
DIDI-HUBERMAN, Georges (1992) Lo que vemos, lo que nos mira, Bordes Manantial, Argentina, 2006.
NEGRONI, María: El Testigo Lúcido, Beatriz Viterbo Editora, Argentina, 2003.
GABRIELONI, Ana Lía: Poetización de la prosa: “la otra que eres se desea otra”
“Por un minuto de vida breve” (AD)
“Cuando vea los ojos” (AD)
Se hace alusión al título del libro de María Negroni sobre la escritora.
“No más las dulces metamorfosis” (AD)
“Ella se desnuda en el paraíso” (AD)
“En la otra madrugada” (EPL)
He dado el salto de mí al alba (AD)
“En un lugar para huirse” (TN)
“La palabra que sana”, El infierno musical.
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